03.2. Conciencia profesional

03. Moral profesional. 2. Conciencia profesional.

Para el ejercicio honesto de una profesión no hay nada mejor ni más práctico que la existencia de una conciencia profesional en el profesional, conciencia de su gravísimo deber ante Dios y ante los hombres. No de una forma abstracta, genérica o especulativa, sino vinculada a los actos profesionales concretos del día a día. A este respecto, Fr. Antonio de Guevara pone en boca del villano del Danubio un discurso tan explosivo como revelador:

Oíd, romanos, oíd esto que os quiero decir, y plega a los dioses que lo sepáis entender, porque de otra manera yo perdería mi trabajo y vosotros no sacaríades de mi plática algún fruto. Yo veo que todos aborrecen la soberbia, y ninguno sigue la mansedumbre; todos condenan el adulterio, y a ninguno veo templado; todos loan la paciencia, y a ninguno veo sufrido; todos reniegan de la pereza, y a todos veo que huelgan; todos blasfeman de la avaricia, y a todos veo que roban. Una cosa digo, y no sin lágrimas la digo públicamente en este Senado, y es que con la lengua todos los más blasonan de las virtudes, y después con todos sus miembros sirven a los vicios. (en: CORTS GRAU, Función social. La profesión al servicio de la comunidad: La moral profesional, vol. De la XV Semana Social de España, p. 530-531.)

Así se pueden determinar:

1. PRINCIPIOS BÁSICOS PARA LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA PROFESIONAL

1.1. El carácter social de la persona humana

El hombre es un ser sociable, no sólo porque sin la ayuda de los demás no puede subsistir, sino, sobre todo, porque Dios lo ha hecho así; porque le ha dado una naturaliza esencialmente inclinada a vivir en sociedad.

El carácter social de la persona impone deberes con los demás hombres, que no se circunscriben a pactos voluntarios (Rousseau), sino que responden a la ley natural, y por tanto son irrenunciables a ella. En igualdad de órdenes, el bien común debe prevalecer por derecho natural, sobre toda clase de bienes individuales. Mantener o poner en valor este gran principio es un puntal básico para la recta formación de las conciencias, particularmente la conciencia profesional.

1.2. El carácter social del trabajo

Como consecuencia de lo anterior, si la persona humana es social por naturaleza, sus actividades también lo son, y en particular, la actividad del trabajo o la profesión.

1.3. El sentido sobrenatural de la gran familia humana

Sólo los motivos de orden sobrenatural tienen la capacidad de resistir al impulso de los egoísmos humanos, pues ante Dios no cabe la insinceridad ni la hipocresía. Una sociedad donde este sentido trascendente tiene su lugar es una sociedad en la que hay una censura social al comportamiento inmoral.

Con este principio vigente, la conciencia profesional llegaría a su perfección, porque el ideal de esa conciencia termina en lo sobrenatural, donde el bien propio y personal se identifica con el bien de todos y con el bien de Dios.

2. CAUSAS DE LA FALTA DE CONCIENCIA PROFESIONAL

2.1. El aflojamiento de la conciencia moral en general

Resultado del debilitamiento de la fe y del sentido trascendente, y no exclusivamente utilitario o materialista, de la vida en todos sus aspectos.

2.2. La ignorancia sobre la moral

En cuanto a los deberes sociales de justicia.

2.3. La costumbre general

Que a menudo lleva a justificar el acto propio en el hecho de que muchos lo hacen igual, y que si no fuese así no se podría vivir de la profesión.

2.4. La falsa doctrina acerca de los contratos

Cuya justicia no sólo depende del pacto entre las partes, sino también del orden moral de dicho pacto.

2.5. La falsa manera de entender el nexo social que nos liga a todos

Como perteneciente a un orden de pacto social (Rousseau), no como un hecho moral nacido del deber natural de amarnos y ayudarnos unos a otros.

2.6. El olvido del bien común

Quizás el aspecto más importante de todos.

2.7. La deshumanización de las relaciones humanas

Viendo a cada persona como únicamente un cliente a cuya riqueza se puede acceder por medio de un supuesto servicio. En las comunidades antiguas, el profesional mantenía relaciones personales con ellos y no pensaba en ellos únicamente como un medio para obtener beneficios.

2.8. La poca retribución o beneficio que conlleva el ejercicio de ciertas profesiones

Que empuja a sentirse autorizado para entrar en un círculo vicioso de no trabajo lo que debo porque no me pagan lo que deben, haciéndose cada un juez de su propia causa y convirtiendo la justicia objetiva en un concepto vacío de contenido.

2.9. Las necesidades de la vida moderna

Que ha ido complicándose y creando un sinnúmero de necesidades ficticias, para las cuales los sueldos no suelen ser suficientes, lo que empuja a buscar un aumento de ingresos por cualquier medio, lícito o ilícito.

2.10. El desprestigio de las leyes

Las cuales no se respetan por conocer sus turbios orígenes, la facilidad de encontrar puertas para burlarlas, las arbitrariedades de su aplicación, etc.

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